Parejas homosexuales

Relaciones gays

Relaciones gaysSeis meses antes de la boda, Verónica recibió la noticia. Y estalló el caos. Se deprimió, engordó, se lastimó a sí misma y se rodeó de miedos. Pero logró superarlo. En esta nota, le cuenta a ti cómo fue su historia, y cómo hizo para salir pensando sólo en ella.

• Tres años atrás, Verónica era una de esas mujeres que viven en su mundito perfecto. Tenía veintiséis años, un trabajo entretenido -se ganaba la vida dando clases de aero salsa-, un cuerpo de proporciones exactas y un novio.

Las relaciones gays
Nada, en ese momento, podía estar mejor. Aunque sí peor. Seis meses más tarde, y sin ningún tipo de aviso previo, Gabriel hizo estallar una bomba en el universo dorado de su novia. "Me dijo que estaba enamorado de otro hombre", recuerda Verónica. Y no puede recordar sin angustia. Ahora ella tiene 29 años. Gabriel, 32. Estuvieron juntos cuatro años, y seis meses antes de la boda la noticia dejó a Verónica sin aire, y con demasiadas preguntas. "Fueron varios golpes para mí: por un lado, me enteré de que la idea de 'la pareja perfecta que se iba a casar y que iba a tener hijitos' se había hecho pedazos. Ya no habría boda y, encima, me veía obligada a explicarle a todo el mundo los motivos de la cancelación.

Y la verdad que no quería hablar de eso. Hubiera preferido que toda esa etapa hubiese desaparecido del mapa y que nadie supiera nada. Por otro lado, yo estaba destruida porque no es que 'no habría boda' porque, por ejemplo, nos habían robado toda la plata para el casamiento: no había boda porque mi novio me había dejado. Y, para colmo, ¡me había dejado por otro tipo! O sea: ¡peor imposible! Todo me daba vueltas.

Las relaciones gays y sus historias

Gabriel era típico hombre que regala flores, que lleva el desayuno a la cama, y que se las ingenia para construir, con amor -porque nadie niega que hubo amor- una pareja mágica y hermosa. "Además, sexualmente la pasábamos muy bien. Pienso que si fuera realmente gay tendría que haber sentido asco al hacer determinadas cosas... y yo siempre lo noté muy satisfecho en la cama. Sólo durante los últimos meses sentí que estaba raro, distante, y que trataba de zafar, para no hacer el amor. Pero yo pensaba que eso era porque estaba muy cansado con el trabajo y todos los trajines de la boda, así que decidí no presionarlo. Pero, claro, cuando me enteré de la noticia una de las primeras preguntas fue: ¿habrá fingido siempre? ¿Le habré dado asco alguna vez? Eso es algo que nunca voy a saber".

Hay pocas cosas que Verónica se animó a saber. Una de ellas, la principal, tiene que ver con el origen de todo. ¿Cómo fue que Gabriel, el chico de las rosas blancas y los besos en el cuello, terminó de la mano de un hombre? La respuesta se la dio su ex: mientras organizaban la boda, él empezó a ir a terapia. Le dijo a Verónica que necesitaba analizarse porque estaba angustiado por la mala relación que estaba teniendo con sus padres (eso sorprendió a Verónica: Gabriel siempre había tenido un mal trato con ellos) y porque se sentía demasiado presionado en el trabajo y necesitaba una válvula de escape. Verónica lo alentó a que fuera. Pero el día de la Gran Noticia, se enteró de que esas sesiones habían removido un polvo muy, pero muy viejo gracias a la terapia, Gabriel pudo empezar a hablar de un episodio que le ocurrió a los ocho años y que había sido silenciado a lo largo de su vida: un hombre le había manoseado los genitales y luego lo había obligado a mas-turbarlo. Gabriel jamás había podido hablar de esto con nadie, e inclusive nunca se lo había podido plantear a sí mismo con franqueza. "Allí me contó que, además, en la sala de espera del terapeuta conoció a un hombre, y empezaron a salir. Tiempo después me confesó todo y nuestro noviazgo terminó. Yo no sé si le creo lo de la sala de espera. Capaz que se iba dejada a boliches gay, y para no lastimarme tanto me dijo que había conocido un tipo en el consultorio... no sé. Tampoco le pregunté. No quiero detalles de nada. No quiero que me los cuente. No quiero imaginarlos", recuerda.

Cuando Verónica se enteró de todo, entró en shock. Jamás había tenido una amiga que pasara por una situación así, jamás había tenido amigos íntimos que fueran gays... es decir que el Universo que se abría a sus pies era una Dimensión Desconocida. Dejó de dar clases de gimnasia y se encerró en su casa durante casi dos meses, en los que no vio televisión, casi no atendió el teléfono y sostuvo un régimen casi monacal, cercano al "pan y agua". "No quería hablar con mis amigos ni con nadie... me sentía avergonzada, destruida, estúpida, todo junto" recuerda.

Tocar fondo y salir de las relaciones gays
"Empecé a culparme por todo, corno si yo fuera la razón de que él se hiciera gay. 'Seguro que si hubiera estado de novio con Dolores Barreiro no se hubiera ido con un tipo'. Ese tipo de cosas pensaba "...
Durante esos dos meses, Verónica empezó a acumular bronca. Demasiada bronca. "Me acuerdo que un día me enteré de que había un recital de Attaque 77, y decidí ir con el único objetivo de hacer pogo. Era insólito: yo ya tenía 27 años, no era una …de quince que va a hacer bardo a los recitales. Y ni siquiera es que a mis quince años fui de hacer lío en un recital... Pero dijo necesitaba pegar, hacerme pegar, golpearme contraía gente, desatar toda una furia una locura que tenía adentro".
Después de ese recital Verónica salió relajada como sí hubiese pasado por un día spa.
Conclusión: se agendó algunos recitales más, y siguió yendo con el único fin de "descargar tensiones". Empezó a ir con amigos, y de a poco eso le sirvió para retomar el lazo con ellos. "Ellos trataban de andarme, pero apenas se daban vuelta y o me metía en algún desastre", cuenta. "Después, en algún momento, paré. Y me acuerdo que el episodio siguiente fue con la comida: me morfétodo.

Fueron varios meses comiendo todo el día. Como retomé el trabajo, antes y después de comer daba mis clases de gimnasia y hacía saltara mis alumnos como si estuviéramos en un campo de entrenamiento militar. ¡Po-brecitas! De todas formas, yo estaba co¬miendo tanto que no había clase que me hiciera contrarrestarlo".

En el curso de unos pocos meses, Verónica subió quince kilos. Tanto, que sus amigos, cariñosamente, la empezaron a llamar "la gorda Vero". El período de "ex¬cesos alimenticios" duró un tiempo, hasta que Verónica empezó a calmar su ansiedad de otra manera: en vez de comer facturas, prefería comer hombres. "Me agarró una etapa de descontrol total", confiesa. "Me acostaba con cualquier tipo que se me cruzara por delante. Pero no es que digo 'cualquier tipo' de un modo figurado: es tai cual. Tipo que me dalia bola, adentro. No hacía ninguna selección de nada: tontos, vinos, lindos, feos, gordos, flacos, me daba todo igual. Ahora que lo veo en perspectiva, supongo que yo necesitaba sentirme mujer, sentir que los hombres me deseaban... Paré porque una vez se rompió un profiláctico y me entró una paranoia increíble: me hice el test de VIH, me hice el de embarazo, crucé los dedos para no tener una venérea... Ahí me di cuenta de que me había estado acostando con extraños totales, con tipos de los que no sabía absolutamente nada: no sabía si se acostaban con otras mujeres todos los días, si tenían alguna enfermedad... n-a-d-a. Era una inconsciente".

Ese susto fue suficiente para que Verónica siguiera, por fin, el consejo de sus amigos y su familia: empezó a hacer terapia. A lo largo del primer año de análisis ahora está empezando el segundo- pudo poner en palabras todo el terror y el desconcierto que tenía adentro. Y pudo ver también los puntos positivos: peor hubiera sido casarse, y terminar dándose cuenta de que todo el matrimonio era una farsa. "Está lleno de gays casados que mantienen una vida paralela y su esposa no lo sabe. Y si finalmente te enteras, es mucho peor porque tenes que divorciarte, y si tenes hijos debes enfrentarte a todo tipo de dilemas: ¿cómo les explicas a los chicos el motivo de la separación? En ese sentido, me di cuenta de que tuve bastante suerte al enterarme de entrada. Y eso se debe a que Gabriel fue honesto conmigo antes de que la situación pasara a mayores".
Ahora Verónica se siente mejor.

Sin novio ni proyectos de boda, pero mejor. Ya van dos años de la separación, y si bien las grietas se van cerrando de a poco, el dolor pasado no es de olvido fácil: todos los días se acuerda de Gabriel. Todos los días se cierran con un telón más sereno, pero todavía lleno de inseguridades. "A pesar de que estoy más tranquila, sigo poniendo todo en tela de juicio. Y siempre me pregunto si alguna vez podré volver a armar una pareja basada en la confianza", admite. "Porque por ahora siento que ya no puedo creerle a ningún hombre. Y eso es lo que más me angustia. Pero en terapia aprendí que hay cosas en la vida que no se borran nunca, y que la clave está en saber aceptarlas sin dejar que nos asfixien. Gabriel tuvo sus dramas y logró darles un espacio que, al menos a él, le funciona. Y yo tengo mis dramas también. Lo bueno es que estoy trabajando para poder convivir con ellos".

Por sugerencias o consultas por nuestro sitio comunicarse a nuestro e-mail a: parejashomosexuales@gmail.com

 www.parejashomosexuales.com